Cuando estés en Marrakech no puedes dejar de ir a su zoco no puedes dejar de entrar y deambular por el en toda su extensión. Los zocos rurales son el alma del verdadero Marruecos ancestral. Sus costumbres ancladas en el tiempo siguen siendo las mismas, y eso me encanta.

El ambiente tranquilo y las calles sombreadas por los frágiles techos de cañas que te protegen del sol, hacen que estés en un lugar para relajarte, observar y dejar que transcurra el tiempo. No te importe perderte pues cuando pasas todas las callejuelas dedicadas a artesanías para turistas y viajeros, se llega a sitios donde aún se respira toda la tradición y te encontraras a todos sus artesanos que te suelen recibir con una sonrisa.

Si te gusta mucho algo, regatea sin descanso, pero recuerda, “que te gusta mucho”  y que te lo quieres llevar, así no abra enfados si te sale algo más caro de lo que has pensado. Regatear es un arte, y ellos reconocen enseguida quién es más apto y quién no.

Los artesanos, elevados al rango de artistas, son el alma del zoco. Ellos están establecidos en corporaciones o cofradías con estrictas reglas y jerarquías, ellos han dominado durante siglos y hecho perdurar los zocos. En esta jerarquía ascendente el maestro o maâlem es el artesano consagrado que tiene uno o varios aprendices a su servicio, dedicados a adquirir las reglas del oficio y perpetuarlo. Después de pasar una prueba de grado ante una comisión de maâlems, serán considerados a su vez como maestros y podrán abrir su propio negocio. Los distintos oficios han ido dando nombre a los diferentes zocos, en  Souk Chouari se trabaja la cestería, que es en el que me quiero centrar.

Me encanta como envejecen, como se transforman sus texturas y sus colores.

No puedo evitar sentirme plenamente feliz, el día que dedico a visitar esta parte del zoco con un fin totalmente premeditado, “en busca del capazo o capazos”. He de decir que me encantan las cosas hechas totalmente manuales y de elementos naturales, pues tienen un matiz especial. Me encanta como envejecen, como se transforman sus texturas y sus colores. Me gusta observar la creatividad y sensibilidad que hay detras de cada uno de estos trabajos.

Son verdaderas obras de arte y de calidas, trabajadas totalmente a mano con hoja de palma, rafia o mimbre, entre otros muchos materiales por sus artesanos. Un sin fin de modelos, colores, formas, tamaños, acabados y con multitud de utilidades, tanto para la playa, como para el día a día, o como aplicación muy útil en múltiples decoraciones.

Aunque intento decidirme por uno, al final como mínimo siempre son 2 o 3 los que se vienen conmigo.

Son verdaderas obras de arte, en ningún país de los que he visitado los he encontrado tan lindos, veras autenticas obras artesanales,  de hoja de palma mezclada con multitud de terciopelos estampados y de colores, con cueros de todos los tipos, con lentejuelas del color que imagines, con sus asas forradas de un color u otro, más largas o más cortas, mas cuadrados o más redondos, con forro, sin forro, totalmente increíbles y a precios súper razonables.